domingo, 13 de febrero de 2011

Misión en Cachemira. (Vidhu Vinod Chopra). Mission Kashmir. India. 2000.

¡Mi primera película hindú!
Había escuchado hablar muchas cosas de las películas hindúes; que duran 4 horas o más, que siempre incluyen números musicales, que los protagonistas jamás se besan, que en su mayoría están basadas en historias sacadas de Bagabat Gita (perdón si lo escribí mal), el libro sagrado hindú. La producción de películas de la India es la más voluminosa del mundo, llegando a producir cerca de 900 películas anuales, que alimentan a un público muy ávido de ver actuar, cantar y bailar a sus estrellas.
La película comienza con escenas muy fuertes, en los primeros 15 minutos son asesinados dos niños, directa o indirectamente por responsabilidad de los terroristas independentistas de Cachemira, uno de lo niños es el hijo del jefe de policía, Anayat, quien se venga asesinando a todos los terroristas y a la familia de la casa donde se ocultaban, literalmente los masacra, pero sobrevive el pequeño Altaaf y el jefe de policía decide criarlo para reemplazar a su hijo muerto y a la vez redimirse de su error. Con el tiempo el niño aprende a querer a su nueva familia pero más tarde se da cuenta que su padre adoptivo es el responsable de la muerte de su propia familia. El niño huye y jura venganza.
Diez años después Altaaf, forma parte de los terroristas que buscan la independencia de Cachemira, liderados por el cruel Hilal, son contratados por otro grupo terrorista, más oscuro, misterioso y poderoso para llevar a cabo una misión que liberará a Cachemira de sus cadenas Hindúes.
Mezcla extraña pero perfecta de película de guerra, drama familiar, comedia romántica, comedia musical y suspenso; película, publicidad y video clip, casi todas las escenas son de una intensidad muy poco habitual, incluidos los bailes y las canciones que a veces pegan perfectamente con la trama, otros parecen salidas de algún plato volador pero todas tienen un encanto en las coreografías, las letras, la música, la maravillosa fotografía y en el lujoso vestuario, que ni siquiera aquí decae el interés.
Además es increíble ver cómo los actores que hace unos segundos estaban en una escena muy dramática o violenta, de repente se “sueltan” y comienzan a cantar y a bailar con una gracia sin igual, y en esto se destacan principalmente la muy simpática Pritey Zinta y el carilindo y mucho más Hrithik Roshan que a pesar de su altura de casi 1,90 y de un físico que nada tiene que envidiarle a Schwarzenegger baila con una gracia especial. Esto se demuestra muy bien en sus dúos en las canciones “Chupke Se Suun” y “Socho Ke Jheelon Ka”, donde se aprecia fácilmente que aunque en las películas hindúes esté prohibido besarse en la boca, un montón de besitos en mejillas, frente y cuello pueden parecer un poco ridículos al principios pero tienen su cuota de erotismo algo naif pero efectivo, y principalmente en “Rind Posh Maal” un baile construido con un suspenso cada vez más creciente, donde al mismo tiempo que se canta a favor de la paz y la unión de los pueblos, sabemos que se está preparando un ataque explosivo. Esta secuencia tiene la característica de violar cualquier atisbo de verosimilitud: el mismo personaje aparece en dos lugares al mismo tiempo, se muestra sin vergüenza alguna que quien canta no es el hermoso Roshan sino un gordito que está detrás de él y todo esto no molesta en absoluto, al contrario, sirve para que la película se vuelva más libre, extraña y perfecta.
Pero con todo esto, cual montaña rusa, las peripecias argumentales nos llevan de la alegría más sublime a la tristeza más abismal sin términos medios, hay varias escenas de baile que terminan con un asesinato y no puedo dejar de pensar que los crímenes de los niños al principio de la película están construidos para ser bastante molestos y dolorosos. Dicen que todo el cine de la India está construido de esta manera pues se hace para entretener a gente muy poco instruida y por eso todo es intenso, exagerado y simple. Sin embargo hay varios momentos en los que la película deja lo simple y se vuelve ambigua en su mensaje.
Cachemira es una pequeña región de la India, que está en conflicto desde hace mucho tiempo pues también es reclamada por su país vecino Pakistán y los propios habitantes del lugar luchan por ser independientes. El director oriundo de esta región dice que quiere llevar un mensaje de paz para su amado pueblo, pero la película es tremendamente violenta, llena de escenas de acción filmadas en un estilo acrobático a lo John Woo, varios asesinatos y por lo menos dos masacres, pergeñadas por la policía. El protagonista más bueno es Isayat, un jefe policial capaz de torturar pero que sufre porque sabe que cuando se enfurece y asesina a todo el mundo comete un error que no podrá nunca perdonarse. El segundo protagonista es Altaaf que lo que más desea es vengarse de Isayat, pero lo quiere, ambos se quieren. Es casi involuntariamente graciosa la escena en que dos policías de religiones diferentes discuten si está bien matarse en nombre de la religión, al final ambos llegan a la conclusión de que no, pero luego la cámara muestra los cadáveres de más de 20 personas que ellos acaban de asesinar en una emboscada.
Para el final quiero descartar al personaje de Hilal, un malo cómo no se veía en mucho tiempo, uno que realmente puede causar impresión cada vez que aparece en pantalla, con un cuidado trabajo de la puesta escena y la actuación de Jackie Shroff, nunca se le ven los ojos, que parecen dos orbitas muertas en blanco, todos sus movimientos, su voz, e incluso su cabello, causan una sensación tan imborrable cómo muchas de las cosas que aparecen en la película.
Sin duda habrá que tratar de ver más cine Hindú, pero si hacen 900 películas al año ¿Cuántas podrán ser buenas?
Un poco mejor que muy buena.
video

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